Wichy: una cabeza de zanahoria, una poesía

Por Francisco Chávez

Un día llegó un hombre con voz de inteligencia, era de un barrio llamado El Vedado en La Habana, Cuba. Tenía la cabeza roja, con cabellos de zanahorias que dibujaban paisajes y palabras armadas como fusiles. Y se convertía en un cisne salvaje que extendía sus alas con poemas, antes de ser líneas trazadas.

Whichy el rojo, apodo que recibió por su cabello, tuvo una gran fascinación por el arte y la literatura desde niño, debido a la influencia de su familia. Pero Wichy también era todo un aventurero, como el mismísimo Tom Sawyer, y nunca fue el mejor de su clase. Entre sus aventuras estuvo la de unirse a la milicia, sin embargo, su mejor fusil siempre fue un lápiz, ya fuera para dibujar flores o trazos concluidos, o para hacer crecer poemas que rompían sus juguetes y daban unos pasos.

Luis Rogelio Rodríguez Nogueras fue un escritor, un poeta, un dibujante, un guionista, un periodista y un soldado, pero principalmente fue poesía, poesía que nos deja plagado el amor a las letras; como un defensor intangible de la metáfora.

Un día Wichy, el rojo, nos dejó y el mundo sintió su pérdida. Silvio Rodríguez, cantante cubano, escribió esta canción:

“Hace quince milenios
se nos fugó el poeta
dejándonos sus viudas
y su niña eterna.
Brindemos por sus verbos,
por su roja cabeza,
hermanos de la sangre
vertida del poeta”.

Pero nos quedamos con su yo de palabras; y hacia el final contaba cómo se había ido caminando

por una calle desierta, convencido de que la vida comienza de nuevo en cualquier esquina.

Si quieres conocer más de Wichy, aquí te dejamos un poema:

Arte poética

Ahora sé
que el poema, antes de ser las líneas trazadas
con prisa,
es la conversación en el café,
la sonrisa azul de Blanca Luz,
la muerte de este hombre,
el apretón de manos o la vida entre dos.

Ahora sé
que trazar estas líneas
no es
sino la forma última de hacer la poesía,
el último acto del poema,
la función de trasplantar la vida a la hoja.

La poesía empieza en todas partes
y termina siempre en los papeles.

Luis Rogelio Rodríguez Nogueras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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