Silvio Rodríguez, el aprendiz de brujo

Por: Francisco Chávez 

Soy un pequeño aprendiz de brujo, siempre he ido en busca de un sueño para subir hasta el cielo en frijoles sembrados, como un pequeño cosmonauta de azúcar y helado. Una loma y un río, que fueron vecinos míos, me trajeron a donde el amor se quiso abrir. Hoy soy como soy.

Silvio Rodríguez de niño.

Pues soy de Cuba, de una pequeña ciudad al suroeste de la de La Habana. Mi lugar natal se llama San Antonio de los Baños. Ya sé, eso no huele muy bien, pero es un lindo lugar. Ahí tuve un perro en amistad y me ensayé como ciclón. Soy guajirito, tan pequeñito, que me gusta escurrirme ágil y fugaz.

Mi nombre es Silvio, me gusta hacer canciones. Me gusta capturar en fotografías el tiempo, ese que siempre está a favor de los pequeños. He estado cerca de la música toda mi vida. Mi madre, cual colibrí, me cantaba todas las noches. Mientras tanto, yo miraba las estrellas, queriendo alcanzar aquel claro de luna tan brillante, tan distraído.

 

De muy jovencito me gustaba dibujar soles en el aire. Tal vez fue uno de mis primeros trabajos, que sé yo, fue hace tanto tiempo ya. Como buen joven cubano, me tocaba enlistarme para hacer mi servicio militar. Fue entonces cuando descubrí mi verdadero fusil, un fusil de madera, con 6 cuerdas de acero y letras encajadas en su interior. Tenía voces con palabras que me hacían hablar y decir lo que pienso.

Ilustración por Francisco Chávez

La era fue pariendo corazones y de marinero fui por un tiempo, hinchándole las olas al mar, con la luna. Al final de ese viaje fui pescando canciones que me formaron. He compuesto tantas canciones como mi necedad lo ha permitido. Unas persisten y se repiten, otras desaparecen en el aire: ¿a dónde van esas melodías que un ángel se llevó?

Silvio Rodríguez, actualidad

Yo nunca elegí lo que hago, simplemente elevé los ojos y respiré profundo con palabras que se hicieron las voces de muchos pueblos. Me enredé en sueños donde las serpientes me querían engullir, pero mi deber siempre fue vencerlas.

Soy trovador, estoy hecho de metal duro y blando. Por eso, siempre pido para mí, aunque sea una noche sencilla. Me gusta recuperar unicornios perdidos, con un cuerno de añil para dibujar en tinta el amor y la vida. Trazando un camino intermitente del sueño a la poesía.

Nací un 29 de noviembre de 1946. Siempre quise todo lo perfecto junto a mí: caballos del Egipto, Centauros del Olimpo. Ahora soy viejo, y luzco un monstruo. Pero soy feliz, soy un hombre feliz y quiero flotar siempre entre luciérnagas y mariposas de humo, pues yo soy un papalote. Soy como soy, y nada más.

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