Malos deseos 

Encontré fotos de ellos dos en el teléfono. Estaban muy sonrientes y con el cabello mojado afuera de un carro. Cuando la invité, ella me dijo que no podía ir porque estaba enferma.  Y él me comentó alguna vez en una fiesta que ella le parecía insípida y antipática cuando le conté lo que sentía por ella. Y ahora esto. Dicen que escribir puede ser liberador en estos casos, pero para mí puede ser un riesgo. 

Lo explicaré una sola vez, aunque sé de antemano que nadie va a creerme. Resulta que puedo escribir cosas que después se hacen realidad. Si, ya sé cómo se ve, pero es cierto. Lo supe por primera vez en el último año de primaria, cuando no había estudiado para el examen de inglés y escribí en el cuaderno de biología cuánto deseaba que el profesor faltara por alguna causa. Esa misma mañana, nuestro maestro titular nos anunció que Mr. Henderson no vendría pues había amanecido gravemente enfermo, pero que “afortunadamente” había dejado los exámenes en su escritorio el día anterior. Obtuve tan malas notas que mis padres me castigaron sin salir con mis amigos toda la semana. 

Un tiempo después lo confirmé cuando mi hermano mayor vendió mi colección de tazos para comprarse dos latas de cerveza, ¡dos latas de cerveza! Entonces escribí en una hoja simple de papel que deseaba ver su patineta hecha mil trozos. Solamente olvidé especificar que fuera sin él encima. Duró una semana en el hospital y dos sin ir a la escuela. 

Así es de fácil y simple. A veces es tan efectivo que ni siquiera tengo que terminar la frase, se cumple automáticamente cuando la idea está lista. “¿Y por qué no escribes que te sacas la lotería o que Karla vuelva contigo?” Me preguntó una vez en la secundaria el inútil de Manolo creyéndose muy astuto. Y le dije la verdad: porque sólo funciona con los malos deseos. Tampoco Karla, mi novia de la secundaria, quería darme crédito, tuve que hacer que muriera su hámster para que me creyera. No es ningún don ni talento, como ella decía. Es un verdadero fastidio, tengo que tener cuidado con lo que deseo por escrito. No quiero desatar una catástrofe mundial, no soy tonto, no estoy buscando problemas, de ésos ya tengo bastantes. “Es una suerte que esta condición la tenga yo, que soy tan noble y tan bueno”, me dijo Karla cierta vez. Pero no soy tan bueno, ni tan noble tampoco. Si supiera que fue por mí que no funcionó lo de Rogelio… sin embargo, se hizo otro novio poco tiempo después. 

Ahora me encuentro pensando cómo diablos podría escribir uno de mis proféticos mensajes para armarles una escenita a la ex chica de mis sueños y a quien se decía mi mejor amigo de forma que el resultado final sea positivo para mí. Después de todo, el bien y el mal son relativos.  

¿Cómo pudieron mentirme así? A veces sólo quisiera desap

 

Cuento por Lía Gutiérrez

Ilustración por Javier Vizcaíno

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