La poesía como herramienta de vínculo

Por Itzel Chávez 

Quienes hayan tenido la oportunidad de escuchar o leer a María Baranda, confirmarán que es un deleite. La poeta ganó recientemente el uno XV Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil 2019, uno de los más prestigiosos. Tiene una trayectoria de más de 30 años como escritora, principalmente como poeta. Su obra es extensa, ha escrito muchos libros de poesía y cuentos para niños; y hace algunos años decidió escribir poesía para el público infantil. 

María Baranda

En la última conferencia a la que pude asistir, ella habló sobre la poesía como herramienta de vínculo, donde recapituló algunos temas ya expuestos en su libro El vuelo y el pájaro o cómo acercarse a la poesía,  y añadió otras reflexiones, que aquí comparto.  

 

María nos confesó con sinceridad: “La poesía en la escuela no me gustaba. Era rígida, llena de análisis, poco viva.” Y es verdad, en la escuela la poesía suele enseñarse de una forma poco atractiva, hay que contar las sílabas para ver si cada verso cumple con la regla del soneto; comprobar si hay rima asonante o consonante. Aprender como una fórmula, lo que es una metáfora, una personificación o una hipérbole. Nunca hay tiempo para detenernos en lo importante: ¿qué nos está diciendo?, o aún más importante, ¿qué sentimos al leer?, ¿qué nos está transmitiendo?

 

La palabra es un juego, sobre todo en la poesía, pero es un terreno poco explorado en la escuela.  La poesía es, en palabras de Baranda, “entrar a otra dimensión”.  Es crear la combinación exacta y jugar con las palabras, para expresar lo que con el lenguaje cotidiano no nos alcanza. Es preguntarnos “ ¿a qué sabe la palabra lechuga?” y con plena franqueza responder “a color verde”, porque en la poesía es posible saborear los colores y las palabras.

 

Durante la primera infancia, incluso antes de leer, la poesía nos acompaña en los arrullos y canciones. Lo más importante en esta etapa es el sonido, por eso, las cancioncitas o poemas para bebés siempre están enfocados en la rima, en ese deleite a los oídos y el corazón “Hablar de poesía en la infancia es hablar de ritmos. No importa qué se dice, sino cómo suena”.  Así, María nos comentó que el arrullo recuerda a la sangre que escuchábamos cuando estábamos en el vientre. “Ese paso de la sangre que suena como el viento, el agua, que son sonidos líquidos”. Por eso nos transmite tranquilidad.

 

En los primeros años, la palabra se vuelve sonora. Aquí la importancia de los juego de palabras como los trabalenguas. Porque encontrarse con la poesía es perderle el miedo a a palabra. “La palabra se avienta como un aro, se esconde debajo de una silla”

El vuelo y el pájaro o cómo acercarse a la poesía. María Baranda

 En cambio, con los jóvenes, la poesía les ayuda a entender, entenderse. Les ayuda a encontrar respuestas sobre quiénes son, qué van a hacer, y a explorar el terreno del amor y esa constante pulsión entre la vida y la muerte. Parece, pues, que es esta etapa donde los jóvenes pueden conectar, pero eso sí, sólo si la encuentran necesaria. Porque la “poesía es para el que la necesita y en el momento en que lo necesita”.  Fue justo a esta edad que María Baranda se encontró con la poesía, para nunca más dejarla.  

 

Entonces, ¿qué es un poema?  Octavio Paz respondía que es el lugar de encuentro entre la poesía y el lector. Eliseo Diego, mencionaba que es una conversación de todo lo que se ha ido y ahora es silencio. Para María Baranda, es “juntar dos realidades diferentes para jugar con las metáforas. Es el momento en que sueltas y te entregas al juego.”  En este día de la poesía, juguemos.

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