Amor espacial

Por Itzel Chávez

Mamá dice que todos tenemos mejores amigos. El mío se llama Kobe. No es un amigo como cualquier otro, digamos que es un amigo de pelos.

A Kobe no lo conocí en la escuela, ni en el parque o en la clase de karate. A él lo conozco desde que tengo memoria. Siempre me pareció muy gracioso y asombroso. Cuando apenas iba a cumplir un año, di mis primeros pasos para atraparlo. Usé mis primeras palabras para nombrarlo y corrí con él muchas veces. Reí, lloré, me enojé, pero sobre todo, lo amé.

Por eso, era natural que yo ayudara a Kobe si tenía un problema. Todo comenzó en casa de su amigo Salchicha. Ahí había quedado flechado de Laika. Ella era una perrita espacial. No quiero decir especial, sino espacial. O sea, que hacía misiones en el espacio. 

Laika hablaba a menudo con Salchicha por videollamada, ellos se conocían desde que eran cachorros, pues habían estado juntos en el entrenamiento de la NASA. Una tarde en la que Kobe estaba de visita, ella llamó. Fue amor a primera vista. Tanto que, sin pensar en las dificultades que esto podría traer, iniciaron una relación a distancia. 

Kobe hacía videollamada con Laika cada tarde y platicaban por horas. Hasta que un día, él pensó que no era suficiente, la pantalla le estorbaba. Quería verla, olerla, tocarla.  Jugar con ella. Entonces me dijo: “Ayúdame a llegar al espacio”. Sin pensarlo dos veces, le dije que sí, aunque no sabía exactamente cómo lograrlo.

En la televisión y los libros, incluso en el planetario, había visto que se necesitaba una nave para llegar al espacio. Así que decidí construir una. No iba a ser una tarea fácil, no teníamos las piezas ni el instructivo. Fui por mi libro del Espacio y, con detenimiento, observé la página donde aparecía la nave. Fue así como, con ayuda de Kobe, fuimos construyendo la kobenave espacial. También tuvimos que hacer un traje espacial para perro. Encapsular algunas croquetas, salchichas y agua para el camino.

Al fin, todo estaba listo. Era el día del despegue. Nos sentimos un poco nostálgicos por tener que despedirnos. Le entregué a Kobe su teléfono para que pudiera llamarme. 

El conteó final inició: 3,2,1. Despegó la nave. Kobe se fue haciendo pequeño en el firmamento.

Diez días después, mi amado perrito llamó. Estaba con Laika y se veían muy contentos. Parece que nuestra nave funcionó a la perfección y pronto vendrán a visitarme a la Tierra. Aunque, tal vez sea yo quien vaya al Espacio. Quién sabe, me tomará toda la vida construir mi nave.

¿Sabías que Laika fue el primer ser vivo enviado a una misión espacial?  Lo hizo a bordo de la nave soviética Sputnik 2, el 3 de noviembre de 1957. También fue el primer animal que murió en órbita 🙁   Digamos que fue un sacrificio en nombre de la ciencia. Este “experimento” sirvió para conocer cómo los organismos vivos reaccionan a los vuelos espaciales y, después de otros viajes sin éxito, poder enviar al primer hombre al espacio.  ¿Tú qué piensas sobre este tipo de experimentos con animales? 

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