Criaturas escurridizas 

Por Lía Gutiérrez

La luna comenzaba a abrirse paso entre las nubes. La mudez de las horas acompañó su aparición.   De repente, un grito agudo interrumpió la noche. Era Mariquita que había vuelto a ver aquello debajo de la cama. Se paró de golpe y saltó fuera de la cama lo más lejos que pudo. No fuera que la cosa aquella la tomara por el tobillo al bajarse.  Entonces recorrió agitada el largo pasillo que la separaba del cuarto de su madre.

Del otro lado de la puerta se encontraba la mamá de Mariquita, quien había escuchado los pasos apresurados de su hija y sabía que venía a despertarla otra vez con la misma historia:

– ¡Mamá!, hay un humano bajo la cama.

– Ya te dije que los humanos no existen- dijo su madre torciendo los ojos.

– ¡Sí yo lo vi!, son delgados, resbalosos y tienen cinco dedos en cada mano… bastante feítos.

La madre entonces se preocupó, no sabía por qué últimamente Mariquita se había vuelto tan miedosa. Y lo peor es que cada vez sacaba mejores historias. No sabía si mandarla con un especialista o a un concurso de pequeños escritores. La admitió una vez más en su cama, pero no sin antes advertirle que para la siguiente ocasión cerraría la puerta de su cuarto con llave.

Al día siguiente la pobre Mariquita estuvo todo el tiempo con los ojos empiyamados, pensando en esos horribles humanos. ¿En dónde vivían?, ¿de qué se alimentaban?, ¿por qué sólo aparecían de noche? Si tan sólo su madre pudiera verlos también…

 

Esa misma noche pasó lo mismo. Pero esta vez no estaba bajo la cama, sino dentro del armario…podía olerlo. Se paró sigilosamente en medio de la oscuridad para encender la luz. Contuvo la respiración y abrió la puerta del armario.

Ahí estaba el humano, hecho un ovillo. La miraba desde abajo con los ojos fijos como de vidrio.

– ¡Ahhhhhhhh!- gritaron los dos al verse.

Cuando se les acabó el aliento, se volvían a mirar, luego recobraban el aire y de nuevo volvían a gritar. Y así estuvieron durante cinco minutos.  Por fin Mariquita se animó a decirle:

– ¡¿Qué haces en mi armario?!

– ¿“Tu armario”? ¡ja! Éste es mi armario y mi habitación también. – respondió el humano, que en realidad era un niño.

Mariquita estaba muy confundida, pero lo dejó hablar.

– Hace tres días que te veo dormir en mi cama- reclamó el niño – y entonces yo me tengo que esconder debajo. Hasta mi hermanito se río de mí cuando le dije que había un monstruo durmiendo en mi cama.

– ¿Y yo te doy miedo?, dicen cosas horribles de ustedes los humanos-

– ¿Ah sí? ¿Cómo qué? – quiso saber el niño.

Y sin darse cuenta, se les pasaron las horas de la noche conversando de lo que pensaban uno del otro. Hablaron de lo que comían, de cómo era el lugar donde vivían y qué hacían en sus tiempos libres.

Después de una larga conversación y algunos juegos que conocían en sus respectivos mundos, el día siguiente entró por la ventana. Entonces, el niño desapareció con los primeros rayos del amanecer. Mariquita en ese momento se preguntó si todo había sido producto de su imaginación. O tal vez había sido un sueño, uno muy particular.   Lo que es cierto es que nunca más lo volvió a ver.

Una semana después, la luna salió de nuevo. Mariquita abrió sus ojos enormes como dos platos. Se paró de golpe y saltó fuera de la cama. Recorrió el largo pasillo de la casa hasta la habitación de su madre.

– ¡Mamá! Hay un…

– Ya te he dicho mil veces que los humanos no…

– Un grillo… hay un grillo bajo la cama que no me deja dormir.

 

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